Buenas noches.
Me siento muy honrada al ocupar esta tribuna en la que me han antecedido
ilustres nombres de nuestra tierra. La misión de una pregonera es
la de llamar a la fiesta a los vecinos de un lugar, y hacer extensiva la
invitación a los demás barrios de la ciudad así como
a los pueblos de la Isla donde está la memoria de los antepasados
de muchos de los habitantes del Barranquillo. Y si hablamos de antepasados,
tenemos que recordar a los que un día vinieron de las islas de Lanzarote
y Fuerteventura a poblar esta parte central de nuestra ciudad de Las Palmas
de Gran Canaria.
El pueblo canario es históricamente un pueblo religioso en el sentido
más abierto del término. Hay profunda religiosidad, pero el
conocimiento de otras culturas que nos ha dado ser parada de muchos viajeros
y destinos de muchas expediciones ha hecho que seamos abiertos y respetuosos.
Es decir, nuestra religiosidad es íntima, y nunca se asemeja ni de
lejos al fanatismo que, a veces, pretende imponer a los demás las
propias creencias.
Es difícil deslindar cuánto hay de popular y cuánto
de religioso en una manifestación festiva, que congrega a los vecinos
y vecinas del barrio, y nunca sabremos cuáles son peregrinos y
cuáles romeros que buscan la fiesta popular. Ambas actitudes son
legítimas y forman parte de nuestra manera de ser, porque si por
algo se caracteriza todo el pueblo canario es por su escaso gusto por
la ostentación de la intimidad.
Esa conjunción de lo popular y lo religioso se hace más
patente en las fiestas de este barrio, que son en honor de María
Auxiliadora, una advocación de la madre de Cristo que es bandera
de la congregación salesiana, pero que va mucho más allá
de los devotos de don Bosco, su fundador.
María Auxiliadora es venerada en muchas parroquias y ermitas de
Canarias, y peregrina en hornacinas por las casas de nuestro barrio. Eso
no es por casualidad, sino por la relación que el pueblo establece
entre esta advocación de La Virgen y los más necesitados.
Este barrio, construido en la solidaridad de varias generaciones y la
lucha conjunta de muchas familias, tuvo su punto de unión máxima
en la persona del recordado párroco don Eduardo Villar Reina, verdadero
artífice de la conversión de un barranco de desagüe
en un lugar habitable, como reclama la más elemental dignidad de
las personas.
Porque este barrio surgió entre la pobreza de su pobladores, y
por ello María Auxiliadora está fuertemente relacionada
con el Párroco Villar Reina, que hizo de líder vecinal para
conseguir que hubiera cosas tan básicas como luz eléctrica,
agua corriente y alcantarillado.
Supo estar al lado de los pobres, que eran solidarios entre sí,
pero que necesitaban también la justicia ciudadana. En 1999 se
celebró en Sevilla el Congreso Internacional sobre María
Auxiliadora, y es muy significativo que, entre sus conclusiones, sean
destacados argumentos como la necesidad de que "en un mundo roto
y dividido por la guerra, la injusticia, la explotación y las desigualdades
sociales, queremos seguir trabajando preferentemente con los pobres, los
sencillos, los marginados, y colaborando con todas aquellas organizaciones
que afrontan las nuevas formas de pobreza".
Ese fue el espíritu fundacional de este barrio, y por ello su memoria
va tan unida a la celebración de las fiestas de María Auxiliadora
y al recuerdo agradecido al Párroco Villar Reina.
Hoy, el barrio tiene cubiertas sus necesidades más elementales,
pero necesita seguir creciendo hacia adentro, sobre todo porque los problemas
globales de una ciudad hacen que los particulares de un barrio se diluyan.
Cuanto mayor sea la globalización mayores serán las
necesidades de estructurarse en lo cercano, porque las soluciones que
sirven para un barrio no sirven para otro.
La experiencia que acumula este barrio en su laboriosa formación
es sin duda un caldo de cultivo beneficioso para que la colectividad se
implique en los avances.
Y estos avances tienen que ver con la democracia, que no es sólo
una forma de gobierno, sino también y sobre todo una manera de
vivir.
Estas fiestas son por lo tanto un homenaje a la memoria religiosa de este
barrio, que siempre ha estado unida a su progreso social. Hoy, las ocupaciones
de sus habitantes son muy dispares, porque la sociedad también
es distinta.
Democracia es participación, y para que exista ésta es preciso
que antes se creen cauces de información y comunicación.
Desde la Vicepresidencia, estamos tratando de crear ese espacio de comunicación
con la sociedad, para tener siempre información de primera mano,
ver los problemas de cerca y dialogar sobre las soluciones. Es necesario
crear esa dinámica de trabajo porque es buena para todos, y de
esta manera la sociedad participa e influye en las decisiones que le afectan.
El Barranquillo de Don Zoilo es un ejemplo claro de los grandes cambios
que ha experimentado la sociedad canaria en las últimas décadas.
El desarrollo siempre es positivo, pero cobra su peaje, y nuestra misión
es tratar de equilibrar ese desarrollo con el mantenimiento y la mejora
de nuestra calidad de vida. Canarias ha pasado de ser un territorio eminentemente
rural y marinero a una sociedad en la que prima lo urbano, porque los
avances de los medios de comunicación hacen que cada día
sea más tenue la línea que separa lo rural de lo urbano,
sea en las costumbres, sea en el trabajo, sea en la conservación
de la tradición.
Y como pregonera voy a hacer mi trabajo: convocar a todos y a todas a
las fiestas de María Auxiliadora del Barranquillo de Don Zoilo.
Es un homenaje que le debemos a la generosidad y el trabajo de nuestros
antepasados, y una llamada a seguir en el mismo esfuerzo para legar un
futuro mejor a nuestros hijos.
Deseo a todos unas felices fiestas y les animo a enfilar el futuro con
la misma fuerza de siempre. Porque nuestro barrio, nuestra calle, es el
símbolo de la democracia, y como escribió nuestro insigne
poeta Agustín Millares Sall:
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