DON GABRIEL RODÓ VERGES "MAESTRO RODÓ"
Nacido en Barcelona en 1904, Gabriel Rodó Vergés había realizado sus estudios musicales en la Escuela Municipal de Música de su ciudad natal, donde cursó violoncelo, piano y composición, especialidad ésta que estudió con Enrique Morera. Entre 1923 y 1925 perfeccionó la composición en París con Alexander Tansmann; mientras, continuaba sus estudios de violoncelo, instrumento que ejecutaba con verdadero virtuosismo. En su vida profesional fue violoncelo solista de varias orquestas, especialmente de la de Pau Casals, y formó parte de varias agrupaciones de cámara, como el Cuarteto Casals (1939), el Quinteto Barcelona y el Cuarteto Dini, habiendo sido fundador de estas dos últimas. Fue luego profesor de violoncelo del Conservatorio del Liceo y catedrático de Música de Cámara y director de la orquesta en la misma institución docente, cargos que desempeñó hasta su venida a Las Palmas.
Su experiencia como director de orquesta comienza en 1941. Contratado diez años más tarde para dirigir la Filarmónica de Las Palmas, se traslada a nuestra ciudad con su familia y desarrolló, durante once años, una labor brillante no sólo en el podio, sino también al frente de la Academia de Música, convertida en Conservatorio Ele- mental bajo su dirección, en la cual impartió clases de muy diversas especialidades y formó aun gran número de alumnos. Por indicaciones emanadas desde Madrid, Rodó fue empujado a abandonar su trabajo en 1962, pues convenía entonces que se le abriese camino a otro joven y talentoso director, cuyo brillante futuro estaba bien previsto y programado. Rodó marchó entonces con su esposa a Colombia, en cuya Orquesta Nacional fue contratado como violoncelista, y en Bogotá falleció repentinamente en octubre de 1963.
Aparte de su gran vocación docente, que le llevó incluso a formar una orquesta juvenil donde actuaron futuras glorias de la música canaria, la faceta más interesante de la personalidad de Rodó fue la creadora. Como compositor tiene un catálogo de obras corto (catorce títulos), si bien tan ambicioso como variado: un grupo de piezas características muy interesantes, que culmina en su obra póstuma Música para seis (1961-1963), abierta a lenguajes más actuales, contrasta con su obra orquestal, en la que se incluyen dos Sinfonías de cierta envergadura. Partiendo de un lenguaje posromántico de connotaciones francesas. Rodó derivó hacia un expresionismo denso, polifónicamente rico y de gran colorido tímbrico. Su importancia estriba no sólo en su calidad, sino también en que es raro encontrar nada parecido en la creación española de aquel entonces, tan escasa, además, en el cultivo del sinfonísmo. La mayor parte de sus obras orquestales fueron compuestas y estrenadas en Las Palmas: unas por la orquesta del Conservatorio, como la Burlesca (1955), y otras por la Filarmónica misma, como la gran Segunda sinfonía (1957), que fue ejecutada además tras su Óbito por la Orquesta Nacional de Colombia y por la de la Ciudad de Barcelona; esta sinfonía fue repuesta por el maestro Marcal Gols en Las Palmas a los veinte años de su estreno, en 1977, y recientemente, en 1983, por el nuevo director de la orquesta, José Ramón Encinar.
Además de estrenar cuatro de sus obras orquestales, Rodó dio a conocer también aquí su Sonata para violín y piano de 1946, acompañando él mismo a María del Carmen Pulido en el Gabinete Literario. Pero en sus conciertos también extendió la programación hacia la obra de compositores canarios. Así, Víctor Doreste pudo oír sus obras orquestales más tardías, como Responso de Fray Lesco y Vals triste; Néstor Alamo se vio beneficiado con la gran orquestación y el estreno de su Tiempo de Gran Canaria, que luego fue grabado en discos por la Orquesta Nacional bajo la dirección de Argenta, y el cónsul de Italia en Las Palmas, Claudio Ammirato, un compositor apasionado y buscador de nuevos efectos, pudo ofrecer la primicia de su obra sinfónica Escala en el Puerto de La Luz, en el cual el remedo de la sirena de los barcos se amalgama en una orquestación compleja e interesante. También protagonizó Rodó un homenaje al maestro Valle, en el que ejecutó alguna de sus obras para orquesta.
Es esta una breve reseña de la intensa actividad músico profesional que Rodó desarrolló en pro de la normalización musical de nuestra isla y que se materializa ahora con este entrañable homenaje organizado por el Cabildo grancanario y el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea.

El maestro Gabriel Rodó es figura fundamental en la reciente historia de acontecer musical grancanario y ello, no solo porque bajo su dirección, tanto en la Orquesta como en el Conservatorio, creó el clima del que surgen figuras que han significado una época extraordinaria del vivir musical en nuestra isla. Los nombres de Lothar Siemens o Alfredo Kraus o Falcón Sanabria son rotundo testimonio de todo ello.
El maestro Rodó tomó la dirección y el que hacer musical en Las Palmas de forma contundente trocando una vida musical mortesina por una época y unas figuras in- discutibles. Prueba de todo ello es que Rodó animó a Kraus en su formación de exigencia musical máxima como demostrara en un inolvidable recital en el Gabinete Literario del tenor en el campo difícil, pero admirable. Pero es que el maestro Rodó estuvo siempre en plenitud de aciertos y así otra figura histórica como es la de Ataulfo Argenta admiró con caluroso aplauso la orquestación del «Tiempo de Gran Canaria» de Néstor Alamo, página musical de entrañables resonancias islefias.
Cuando se escriba la historia de la última época de nuestra Sociedad Filarmónica, aquella que impulsara Miguel Benítez Inglot y una inolvidable pléyade de melómanos, que contó con el sensacional concurso del maestro Obradors, no cabe duda qué capítulo sensacional fue la creación de la 'Filarmónica Chica', entidad que efectuó su debut un 14 de julio y marcaba la eficaz aportación de jóvenes valores al quehacer musical canario. y es que el maestro Rodó no sólo dirigía aquel simpático conjunto musical en las mafianas domingueras, sino que además transcribía las partituras que de esta forma familiarizaban los nombres de Stravisky o Debussy.
Es decir, un quehacer musical admirable, y que no hemos visto luego en los demás directores de nuestra vida filarmónica.
Ciertamente era difícil el aspecto económico de la realidad musical en Las Palmas. Es solamente a partir de nuestros días cuando el Cabildo Insular de Gran Canaria y otros organismos posibilitan la actividad musical. En tiempos de Gabriel Rodó el amor por la música de los profesores de orquesta y cuantos ejercían el hecho musical grancanario pudo arrastrar todos los avatares que han culminado con la Sociedad Filarmónica reducida a una fabulosa sociedad de conciertos pero sin orquesta.
La cuestión que a todos compete no es dilucidar esos hechos y si lograr que la Fundación de la Orquesta Filarmónica de Las Palmas y la sociedad de conciertos citada e incluso Los Amigos de la Opera y el Festival de Canarias prosigan su prodigiosa labor. Pero es justo ahora que tantas cosas ópticas existen, que figuras abnegadas como la de Gabriel Rodó tengan el más emocionado de los recuerdos porque gracias a personas tan ejemplares es como se han logrado que esta época dorada del divino arte de la música sea la más de las rotundas y ópticas realidades culturales.

Biografía de Lothar Siemens